14 feb 2011

Capítulo 1 de Escape del Infierno: "Vuelo 124"

“Pasajeros del vuelo 124 con destino a Buenos Aires, favor de abordar el avión y ocupar sus asientos, muchas gracias”. Echó un último vistazo al Aeropuerto de Barajas, al que seguramente no volvería a ver, y subió al avión. Por todo lo que había pasado en estos últimos meses, se veía obligado a ocupar un asiento clase turista. Si bien se había acostumbrado a viajar en primera clase, ésta vez tenía que guardar el mayor dinero posible. Odiaba los asientos del medio, por eso se alegró al comprobar que le había tocado uno junto a la ventanilla.
“Pasajeros del vuelo 124 con destino a Buenos Aires, favor de abrocharse los cinturones. El avión está listo para el despegue. Muchas gracias”. A su lado no había nadie sentado, aunque el asiento quizás se ocuparía cuando el avión hiciera escala en Río de Janeiro.
Minutos después, el avión surcaba el aire en dirección a Sudamérica. Atrás quedaba todo: sus amigos, su familia e incluso su peor pesadilla. No podía creer que él, Federico Vicente Navarro, quien alguna vez fuera guitarrista de la banda de rock más exitosa de España, se vea obligado a exiliarse de su país. Pero las cosas habían resultado así de mal: su pasado lo condenó y todo se fue al carajo cuando...
- Señor, ¿se le ofrece un café? – le preguntó una azafata, interrumpiendo sus pensamientos.
- Por el momento no, gracias – respondió.
- No dude en llamarme si necesita algo, recuerde no levantarse de su asiento.
- Así lo haré, gracias.
- Que tenga un buen día señor – se despidió la azafata.
Ésta era la tercera vez que viajaba a Buenos Aires. La primera ocasión lo hizo con motivo de unas vacaciones con su familia, cuando tenía sólo 12 años, mientras que la segunda vez había sido apenas nueve meses antes, cuando asistió a un recital de su banda favorita, Oasis. En ese viaje conoció a “la chica”.
“¿Qué será de su vida? ¿Seguirá acordándose de mí?, se preguntó Federico. Estaba tan borracho esa noche que ni siquiera le preguntó cómo se llamaba. Simplemente pasó lo que tenía que pasar. “Quizás me odie por haberme comportado tan mal con ella” se lamentó.
Decidió dejar de darle vueltas al asunto y descansar un poco. “Ya tendré tiempo de pensar todo eso cuando llegue allí”. Se acomodó en su asiento y a los pocos minutos estaba dormido profundamente.
Cuando despertó, lo hizo por los gritos de un alterado pasajero:
- Vuestra aerolínea jamás ha brindado un buen servicio. En el folleto decía claramente que servían leche descremada, y ésta no lo es – gritaba el hombre con un marcado acento catalán.
“Vaya, desde que el Barcelona ganó todas las copas los catalanes se han vuelto muy exigentes”, pensó Federico emitiendo una discreta risa.
Miró por la ventanilla: estaban en el aeropuerto de Río de Janeiro. Se le había pasado más de la mitad del viaje durmiendo.
En el tramo Río de Janeiro-Buenos Aires, no dejó de pensar en todo lo que dejaba en España y todo lo que le esperaba en Argentina. Siguió pensando en todo eso, incluso al bajar del avión y pisar el Aeropuerto de Ezeiza.

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